Científicos logran fotografiar un calamar gigante vivo
El mundo a través de los ojos de un merluzo...




¿Qué diantre intentan decirnos estos terrícolas? Seguramente ésta será la primera pregunta que se hagan los extraterrestres que reciban este mensaje enviado desde la Tierra. En el año 1974 el Arecibo Observatory, el radiotelescopio más grande del mundo, envió este diagrama de señales binarias (hechas sólo con el 1 y 0), en dirección al cúmulo globular M13. El mensaje representa unas cuantas imágenes sencillas sobre la humanidad y su nivel de conocimientos. De izquierda a derecha: la representación binaria de los números entre el 1 y el 10, los átomos de hidrógeno y carbono, el ADN humano, la imagen de un hombre, los fundamentos del Sistema Solar y, finalmente, información sobre el telescopio que envió el mensaje. No quiero imaginarme qué pasará por la mente de los simpáticos marcianos que encuentren este mensaje, pero podemos estar tranquilos porque M13 está tan lejos que tendríamos que esperar al menos 50.000 años para recibir su más que segura respuesta: "¿Mande?". Y esto no es lo peor. Diariamente enviamos, de manera totalmente accidental, miles y miles de señales de radio y televisión hacia el espacio exterior. Tiemblo sólo de pensar que un alienígena pueda estar viendo en estos momentos La casa de tu vida, la democracia iraquí o el non-stop last-show del Papa. (Seguro que Velouria está conmigo que, puestos a enviar, mejor es mandarles una grabación de Humor Amarillo).
ÚLTIMA HORA: Como aquí todo es posible y ninguna teoría queda en saco roto, estoy en condiciones de confirmarles que se ha descubierto una nueva especie de calamar gigante mucho más gigante que el calamar gigante común. Así pues, señoras y caballeros, ante ustedes les presento el increíble, el inmenso, el no va más de los monstruos marinos... El CALAMAR COLOSAL, Mesonychoteuthis hamiltoni donde los haya.
Los dos hemos vivido un sinfín de aventuras sorprendentes. La mayoría inconfesables. Pero hoy os explicaré una que me cambió para siempre la forma de ver el océano. Un día que íbamos los dos haciendo el pollo entre el lodo de un arrecife, aparecieron bajo nuestras barrigas los dos faros de lo que presumiblemente eran los dos ojos de un calamar gigante hambriento. Éramos una merienda segura. No teníamos escapatoria. Pero fue entonces cuando sucedió algo grandioso que unió para siempre mi suerte a la de este tiburoncillo amigo mío. Como su vientre es brillante, parece un pez inocente cualquiera si se observa desde abajo. Así, cuando el calamar gigantesco se le acercó para zamparse lo que pensaba que era un bocado fácil, Pitillo se escabulló con un movimiento rápido, se escurrió entre los tentáculos y, con todo lo chinorri que es, le dio un muerdo en el lomo. El calamar parecía un potro salvaje intentado deshacerse del pequeño atacante. Pero Pitillo formó una ventosa con su boca hasta quedar fuertemente sujetado a la piel del calamardo. Entonces, el más pequeño de los tiburones que habitan estos mares de por aquí, giró y giró hasta cortar un trozo circular de carne con sus dientes inferiores serrados y afilados como navajas. En un instante, Pitillo arrancó un bocado de carne de ese monstruo marino. Ya estaba: el atacante era víctima de su propia presa. El calamar gigante no sabía qué le estaba sucediendo y, herido, marchó rápidamente con una bonita marca circular en su lomo, como si alguien le hubiera apagado un cigarro en la piel. Yo estaba atónito y alucinado. Fue algo impresionante. Entendí en ese instante muchas cosas: se podía luchar contra los calamares gigantes y contra todo lo que desde pequeño había pensado inalterable. Y lo mejor, aún tenía que llegar. Al final nos merendamos la mejor tapita de calamar en su tinta que nunca he probado. Regocijándonos de lo sucedido entre brindis y brindis con un buen vino blanco de Alella. Sólo puedo deciros que a partir de ese día Pitillo y yo somos inseparables. Siempre nos vamos los dos a dar la tabarra por ahí hasta altas horas de la noche.


He aquí un noticia a la cual he tenido acceso en la revista Muy Interesante Digital. Aún tengo todas las escamas de punta:

Seguramente os estaréis preguntando qué pulpos hace un merluzo como yo publicando un blog como éste. Pues es muy sencillo. Primero he de confesaros una cosa: desde pequeñito tengo un miedo espantoso a los calamares gigantes. Les tengo pánico, con esos largos tentáculos amenazadores y esa boca de loro que se lo traga todo. Pues esa es la razón. He decidido tomarme unas pequeñas vacaciones, marchar de mi caladero y navegar por esta aguas cibernéticas para mantenerme alejado de esos espeluznantes bicharracos y aprovechar así la ocasión para contaros todo lo que pueden ver mis preciosos ojos de merluzo jovencito con ganas de conocer mundo.
Sí. Existen realmente, aunque sólo hasta hace muy poco se ha conseguido capturar algún ejemplar. Estos monstruos marinos son conocidos científicamente bajo el nombre de Architeuthis. Desde el origen de la navegación se hablaba de una bestia terrible que con sus grandes tentáculos arrastraba a los navíos y a sus tripulantes al fondo marino. Era el Kraken, un animal que se creía producto de la febril imaginación de los marineros... pero desde que empezaron a encontrarse los cuerpos varados de calamares gigantes muertos en diferentes playas, se ha demostrado que no eran delirios de aguardientes o malas insolaciones. Fue en 1856, cuando Johannes Japetus Smith Steenstrup le atribuyó un nombre genérico a los calamares gigantes: Architeuthis, que ha pasado a ser el nombre científico. El architeuthis rex es considerado el rey de esta especie, el tiranosaurus de los calamares gigantes. Los taningia danaes son sus hermanitos pequeños, con menor longitud y peso, pero medidas igualmente descomunales. Los cachalotes son los únicos predadores conocidos del calamar gigante, aunque los científicos aseguran que, por las marcas encontradas en algunos cachalotes, estos calamares se defienden violentamente contra sus depredadores, en verdaderas batallas entre titanes en los más remotos y profundos abismos marinos.
En esta especie, el tamaño de los machos es muy inferior al de las hembras, que crecen al ritmo de 40 kg por año y pueden alcanzar los 20 metros de largo, pesando alrededor de 200 kg. Los calamares gigantes disponen en la terminación de dos de sus tentáculos, de unas estructuras llamadas fotóforos, los mayores órganos luminescentes de la naturaleza, del tamaño de una pelota. No se sabe a ciencia cierta su utilidad, pero los investigadores intuyen que les sirven para atraer a sus presas y comunicarse entre sí. Además, poseen párpados, con los que pueden hacer guiños y juegos de luces. Los calamares gigantes poseen además un órgano sexual de 75 cm (¡por dios!) y otro de repuesto por si perdieran el primero. Realmente espeluznante.